En el barrio del alma

  • IMG_0036castellano

    Arte en la estación Castro Barros (línea A) Foto: Diego Schulman

  • IMG_0039c

    Carlos Monzón Foto: Diego Schulman

  • Erik Ruuth.

    Erik Ruuth Foto: Javier Abinet

  • IMG_0062

    Tango Foto: Diego Schulman

El Asesor Cultural de la Embajada Diego Schulman  en encuentro con Erik Ruuth en Almagro - el barrio del tango y del boxeo.


Mi barrio era así, así, así
Es decir, qué sé yo si era así
Pero yo me lo acuerdo así.


Así arranca el poema Nocturno a mi Barrio, el homenaje al barrio escrito por el maestro Aníbal Troilo “Pichuco”. En la poesía porteña la palabra barrio tiene, como toda poesía, un significado que va más allá del significado cotidiano. Remite a la añoranza del pasado, a la Edad de Oro - la infancia. Allí, desde la madre-barrio, nace la identidad porteña.

Sábado por la noche. Camino por Castro Barros. La calle lleva el nombre del sacerdote y político Pedro Ignacio de Castro Barros, una de las figuras presentes en el Congreso de Tucumán el 9 de julio de 1816. Desde los carteles de las calles, estos obituarios de la vida cotidiana, viven los recuerdos de los próceres. En la segunda mitad del siglo XIX, cuando la gente moría como moscas en el centro de la ciudad por la fiebre amarilla, la clase privilegiada se mudó a Almagro. Después siguieron a la zona norte. Pero dejaron sus huellas, como el café Las Violetas. Los obreros y bohemios ocuparon el espacio. En Castro Barros 75 queda por ejemplo la Federación Argentina de Boxeo (FAB), que dio a luz a varios destacados héroes callejeros como José María "El Mono” Gatica, Carlos "Escopeta" Monzón y  Oscar Natalio "Ringo" Bonavena.

Y cruzando la calle Rivadavia está el lugar de mi mente: El Fuelle. Un lugar bien porteño. En lunfardo fuelle significa bandoneón; ese instrumento alemán que los maestros argentinos como Aníbal Troilo y Astor Piazzolla llegaron a dominar a la perfección. Entro al café y me encuentro con Erik Ruuth, comiendo una milanesa napolitana. Milanesa (schnitzel) con fileto, mozzarella y jamón. O sea una mezcla entre alemán e italiano. O sea típico argentino, como el fuelle.

Me siento. La transferencia nos lleva a lo íntimo. Hablamos de identidad y pertenencia. ¿Sueco? - No sé. ¿Argentino? - No sé. ¿Sueco-argentino? - No sé. No soy lo suficientemente "vivo" para ser argentino y me llaman el ruso o el polaco, por mi piel blanca, dice Erik. Como el cantor de los cantores: El Polaco Goyeneche.

Erik Ruuth es médico, científico y bailarín de tango. Nació y se crió en la colonia sueca de Oberá en Misiones. Hasta los 15 años vivía y viajaba entre Oberá - Buenos Aires y Suecia – Argentina. Luego vivió en Suecia hasta los 30 años, después se fue a vivir en Francia. Y ahora reanuda los lazos con Argentina. El sueco de Erik es bien cuidado, algo anticuado. Nada de jerga, ni hablar de blasfemias. Muy probable el lenguaje de su padre y madre.

Lo diferente asusta. En Suecia usaba el lenguaje formal como una defensa contra los acosadores. "La frialdad del lenguaje formal le hace más difícil al malévolo encontrar tus puntos débiles", me explica. Pero cuando la formalidad fallaba los puños hablaban con toda su fuerza, y claridad. La lucha continuó. Durante los últimos años de su adolescencia Erik empezó a militar políticamente, se unió a Clarté y a otros grupos de izquierda en Suecia. Pero hoy en día bailar tango está en su foco. Hace varios años que baila tango. Un viaje a - ¿las raíces? Medio difícil de qué manera verlo.

Llega la cuenta y la ronda se terminó por esta vez. Erik se despide, esta noche se va para la milonga El Metejón. Y yo me quedo, mirando hacia arriba a un retrato clásico del padre de tango, Carlos Gardel, con su característica sonrisa torcida y los ojos fijos en algo remoto. En el principio era la Palabra.

Diego Schulman

(Erik Ruuth protagoniza junto a Angie González el documental sueco-argentino "Tillbaka till Södern – Vuelvo al Sur”, dirigido y producido por la ex embajadora de Suecia en Buenos Aires Gufran Al-Nadaf)

 


 

Navigation

Top