Tal & uttalande / Statements

Forum Universal de las Culturas

Sus Excelencias, distinguidos invitados, señoras y señores, amigas y amigos todos:

Muy buenos días.

Me da mucho gusto estar aquí con todos ustedes, en la hermosa ciudad de Monterrey, en el marco del Forum Universal de las Culturas, para participar en este seminario tan importante.

El crimen, la violencia interpersonal, el robo y los asaltos han aumentado de manera alarmante, especialmente en los países en desarrollo, hasta el punto que ahora plantean una seria amenaza para el propio tejido social de nuestras sociedades y para el desarrollo económico y social.  
 
El impacto y las consecuencias negativas del crimen y la inseguridad prevalecen y se extienden.  En ningún otro lugar es esto tan evidente como en América Latina, México incluido.  La violencia es ahora una de las cinco principales causas de muerte en Brasil, Colombia, El Salvador, Guatemala y Jamaica.   Asimismo, cabe señalar que si América Latina como región tuviera una tasa de criminalidad similar a la del resto del mundo, su producto interno bruto per cápita podría ser un sorprendente 25% más alto. 

El crimen violento tiende a ser mayor en ciudades grandes de rápido crecimiento. La inseguridad afecta de manera desproporcionada a las personas pobres, quienes a menudo son víctimas de formas directas de violencia. La encuesta sobre la victimización realizada por el Centro de las Naciones Unidas para los asentamientos humanos (Hábitat) , revela que las personas pobres tienen mayores probabilidades de convertirse en víctimas del crimen que los residentes urbanos con mejores condiciones económicas, y que además tienen menos probabilidades de recuperarse del impacto del crimen. Las mujeres, las niñas y los niños que viven en la pobreza son particularmente vulnerables.

Es alarmante observar que son los jóvenes quienes cometen el mayor número de actos de violencia y que también son las principales víctimas de la violencia. 

Para las personas pobres, la seguridad es una gran preocupación; tan importante como el hambre, el desempleo, o la falta de agua potable. Para una persona pobre que no puede reponer lo que le roben, el hecho de que le roben su bicicleta, por ejemplo, puede representar un serio golpe económico si esa bicicleta la utilizaba para ir a su trabajo.  Muchas personas hablan del miedo a los ataques, a las lesiones o al abuso físico que a menudo es perpetrado precisamente por aquellas instituciones cuya función es protegerles.

Es urgente que la comunidad internacional y los gobiernos nacionales adopten medidas para prevenir la diseminación del crimen y de la violencia en las áreas urbanas. La nueva política sueca para el desarrollo global, en particular, “el desarrollo social y la seguridad social” y “el manejo de conflictos y la seguridad humana” respaldan de manera explícita la importancia de tomar pasos decisivos para controlar el crimen y la violencia en las ciudades.

La seguridad es una importante dimensión de la calidad de vida tanto para el individuo como para toda la comunidad. La seguridad necesita crearse y protegerse conjuntamente como un bien colectivo y como un componente importante en la defensa de los derechos individuales. La seguridad personal es en sí un derecho humano y es particularmente relevante en lo concerniente a la discriminación contra las mujeres.

La seguridad física de las personas pobres es un requisito previo para reducir la pobreza y está íntimamente relacionada con el desarrollo. La economía informal en la que vive la mayoría de la población mundial, es a menudo un estado de constante inseguridad jurídica y física.   Los gobiernos y las agencias de cooperación para el desarrollo necesitan reconocer la correlación positiva que existe entre el crecimiento económico por un lado y la urbanización por el otro, y por consiguiente, adoptar medidas afirmativas en pro del desarrollo urbano.

El abordaje de la violencia requiere de una visión a largo plazo que debe ir acompañada de acciones inmediatas que tengan un efecto directo en la exclusión social. Se requieren respuestas eficaces para la pobreza y la inequidad. Los programas que involucran de manera activa a la ciudadanía en la creación de bienes y en la planificación y oferta de viviendas adecuadas, de servicios e infraestructura básicos y que brindan acceso a servicios financieros y a oportunidades de empleo, muestran una estrecha correlación con vecindarios más seguros y más sanos. Los formuladores de políticas deben ver la violencia como un obstáculo fundamental para la subsistencia de las personas pobres.

En muchos países, el tema de la inseguridad ocupa un lugar prominente en los documentos de las estrategias para la reducción de la pobreza, si bien usualmente está bastante separado de las inquietudes relacionadas con el desarrollo urbano y con la creación de bienes y riqueza por parte de los pobres como un medio para enfrentar la causas que están en la raíz de la violencia.  Desde una perspectiva multidimensional de la pobreza, la reducción de la pobreza y la seguridad humana coinciden en gran medida, puesto que la pobreza no es tan solo la falta de recursos materiales sino también la falta de poder y de opciones.  Al respecto, la seguridad física y jurídica de los habitantes pobres de las ciudades contribuirá mucho a remediar esta falta de poder y de opciones.

Por consiguiente, es imperativo que se construyan asociaciones con los ciudadanos en las áreas de seguridad, prevención del delito, y planificación y desarrollo urbanos, a fin de buscar un enfoque integral para la seguridad urbana como uno de los requisitos previos para un desarrollo urbano sostenible.

Permítanme concluir citando un párrafo de un documento que fue distribuido para invitarnos a esta importante conferencia internacional:

“Si el desarrollo urbano ha de ser sostenible, es preciso abordar el crimen y la violencia con una perspectiva de largo plazo, vinculando de forma directa las preocupaciones en cuanto a la seguridad con la agenda de desarrollo urbano sostenible”. Y sus excelencias, distinguidos invitados, señoras y señores, yo estoy convencido de que esta semana nos hemos reunido para cerciorarnos que esos vínculos se establezcan de manera permanente.

¡Que tengamos discusiones interesantes durante esta semana!

Muchas gracias por su atención.