Ha sido el invierno más cálido de los últimos 100 años. El titular de periódico más extraño rezaba: “El sur de Suecia carece de estación”. No hacía tanto calor como para hablar de primavera, ni tampoco tanto frío que justificara el nombre de invierno. Además, las normas del Instituto de Meteorología e Hidrología de Suecia prohíben que después del 14 de febrero se hable de otoño.
Hizo un tiempo contrario al reglamento, que se convirtió en tema de conversación general, con participación hasta de Dios... o, si no fue así, ¿cómo calificaremos el hecho de que la Iglesia Sueca se empeñara activamente en la lucha contra el calentamiento planetario? La voluntad de la Iglesia de preservar la creación y proteger a los pobres del mundo, que serán los más gravemente afectados, fructificó en una conferencia internacional sobre el clima con asistencia de treinta representantes de distintos credos: la Cumbre Interconfesional sobre el Clima.
Por igual razón, aunque sin plegarias, construyeron en Växjö una casa de madera de ocho pisos. Como las fábricas de cemento del mundo registran juntas emisiones de dióxido de carbono equivalentes a las de todos los aviones sumados, es deseable usar cada vez menos cemento y más madera.
Construyendo con madera, en lugar del cemento, una casa de cuatro pisos y 16 apartamentos se evita emitir unas 17 toneladas de dióxido de carbono por cada apartamento: una cantidad equivalente a las emisiones de casi 30 vuelos de Estocolmo a Bangkok.
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