Johan Falkman nació en Trelleborg, Suecia. Estudió dibujo, escultura y pintura en la Escuela de Arte Dimitar Rangatchews en Malmö y en 1988, continuó su formación con la artista de naturalezas muertas Susanne Steinbacher - especialista en la técnica combinada de óleo y témpera de huevo de Jan van Eyck - en la Escuela Ernst Fuchs en Reichenau.En 1990 Falkman viajó a Estados Unidos para aprender el género del retrato en la National Academy of Design. Un año después fue aceptado para estudiar en el Pratt Institute donde realizó cursos de especialización en pintura, gráfica, escultura e historia del arte. Además, estudió conservación, metodología y filosofía del arte.Falkman se graduó de Licenciado en Bellas Artes con los más altos honores en 1994 y fue galardonado con el premio Pratt Circle Award for Outstanding Academic Achievement. Al año siguiente obtuvo la presea del Pratt Institute’s Certificate of Excellence/Outstand-ing Merit Award in the School of Art and Design. En 1995, también recibió el premio de la American Scandinavian Society Cultural Grant Award. Continuó sus estudios en el Pratt Insitute durante tres años más, participando en cursos de especialización sobre pintura, historia del arte, mitología griega y el renacimiento veneciano.Johan Falkman sigue los estilos naturalista, simbolista y expresionista. Su intereses fundamentales los centra en la pintura alemana de finales del siglo XIX. Especialmente disfruta de las obras de Lovis Corinth, Edward Munch, Käthe Kollwitz, el artista austriaco Ferdinand Hodler y los pintores que fueron parte del grupo expresionista alemán El Puente, a través de su referencia plástica con el artista español Ignacio Zuloaga.Por su parte, Falkman inicia su incursión en la técnica de pintura mural con sus dos primeras obras monumentales, al óleo sobre tela de algodón, por encargo de las autoridades del Puerto de Trelleborg su ciudad natal, con el fin de celebrar los 100 años de su fundación. El artista sueco realizó numerosos dibujos influenciados por los frescos de Diego Rivera como lo notaremos en sus obras, así como por las obras de David Alfaro Siqueiros y en menor medida por las de José Clemente Orozco.Sus murales; uno de 14 X 9 metros y otro de 7 X 4.5 metros, ofrecen una sucinta crónica histórica de su país, el que desde hace casi dos siglos no ha sostenido ni participado en ninguna guerra ni revolución, fincando así su progreso en el avance tecnológico, científico e industrial, en una más equitativa distribución de la riqueza entre sus habitantes y en un respeto absoluto por la naturaleza.Las obras de Falkman demuestran su dominio técnico, formal y estilístico. Rasgos postimpresionistas, expresionistas y realistas que recuerdan a Vincent van Gogh, Edward Munch, Käthe Kollwitz y a los muralistas mexicanos, caracterizan su pintura mural. El dibujo es de gran calidad y el trazo es combinado, firme, a veces muy fino y otras más grueso, según la intención y la fuerza expresiva con los que quiere dotar a cada figura dentro de su obra. Debemos subrayar el manejo del color, que le sirve tanto para delinear claramente los rostros de los retratados, como para colocar dentro del anonimato a los personajes comunes. Una rica gama cromática, que incluye colores primarios y secundarios, negro y blanco, le sirven al pintor sueco para armonizar y equilibrar la composición, así como para acentuar algunas figuras u objetos que responden a un orden temático o a una organización jerárquica de los asuntos tratados.La luz que produce el color es muy singular, pues quizá debido a la posición geográfica de su país nos transmite una luz fría. Los rostros de los personajes de su mural reciben una luz rasante que da una luminosidad amarillenta, cuyos efectos de sombra nos permite conocer los detalles faciales y reconocer al hombre o mujer representado, al mismo tiempo que resalta la calidad de la pincelada (con pinceles o espátulas) y la textura de la obra.La simetría alcanzada en las obras con las formaciones de marineros, los rieles del ferrocarril, las cargas de madera, las filas de carros, camiones y soldados, acotados por grandes embarcaciones, aluden directamente a la industrialización, al desarrollo y a las actividades económicas fundamentales para el progreso de su país. En tanto que la parte del mural que simboliza la herencia histórica sueca y su riqueza cultural, enmarca los avances del Estado y la sociedad. Falkman sintetiza en su pintura monumental la disyuntiva del camino del hombre: el progreso o la guerra; la creación o la destrucción; la naturaleza o la industrialización; la vejez o la juventud. Podemos sugerir que comparte los presupuestos filosóficos que encontramos en las obras de Rivera y Siqueiros, pero no los ideológicos, aunque su obra no está exenta de un discurso político indirecto. Falkman posee la disciplina, el oficio y el conocimiento para continuar con la realización de murales que le permitan convertir su expresión artística en una verdadera experiencia estética para cualquiera que los conozca.Texto de Leticia López OrozcoInstituto de Investigaciones Estéticas, UNAM
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